En la peña de abajo cada día huele a algo diferente. El menú del día, supongo. Hoy toca cordero. Huele que alimenta, igual que cuando hacen pulpo o caracoles. Pero pensar en derechos y obligaciones olfateando exquisiteces y sin poder fumar para, por lo menos, difuminar los deseos de satisfacción alimenticia y culinaria de mi refinado estómago... no es tarea fácil.